Los juguetes no necesitan ser caros ni sofisticados. La mayoría de los niños convierte en juguete cualquier objeto que esté manipulando. En sus manos se convierte en fuente de aprendizaje, y su inteligencia naciente lo llena de sentido.
Los juguetes ideales para un niño deben adaptarse a su nivel de aprendizaje y estimular su capacidad física, intelectual y lingüística.
No se le deben proporcionar juguetes cuyo diseño y nivel de aprendizaje estén por encima de sus facultades, ya que le provocarían frustración. Al contrario, el juguete debe estimular al niño con retos que pueda superar.
Para arrastrar: coches, camiones, animales con ruedas o una simple caja con una cuerda.
Para empujar: cochecitos de muñecas, correpasillos, triciclos, ruedas con mango,...
Para lanzar: pelotas, balones, globos.
Para usar las manos: plastilina o barro, centros de actividades, piezas para encajar,...
Para leer y pintar: libros infantiles de gruesas páginas (los hay de cartón, plástico o tela, lápices, papel, pintura de dedos,...).
Para jugar imitando a los mayores: cocinitas, platos, vasos, cubiertos... (de juguete o reales, pero irrompibles), peines, recipientes de plástico, peluches, animales, muñecos,...
Recuerde que con todos los juegos el niño emplea, no sólo su cuerpo, sino también su mente. Y que, jugando en el presente, se prepara para el futuro.