Observar es una fuente de inspiración para el niño.
El niño recibe el estímulo constante de las imágenes visuales. A través de la observación y el análisis, su capacidad creativa se estimula y genera ideas originales.
Además de la captación de imágenes de forma pasiva, a través del cine o la televisión por ejemplo, los padres podemos reforzar también la observación activa y analítica.
Favorece que el niño se detenga a explorar su entorno con una mirada curiosa.
Descubrir junto al niño el poder sugerente y evocador de las sombras, de las formas de las nubes, del agua, de las paredes de las rocas, de los reflejos, de las manchas, de los rastros, etc.
La mejor forma de estimular al bebé es disfrutando a su lado. Intenta sentirte cómodo y relajado. Trasmítele tu bienestar, es lo que él percibirá de ti.
Procura evitar la sobreprotección para que no crezca con ansiedad ni temor, sino abierto y confiado.
Si un bebé crece demasiado apegado a la madre, se puede sentir perdido y abandonado cuando no la ve. Sufrirá crisis de llanto u otros síntomas de ansiedad al no reconocer sus brazos.
Si este bebé sigue sobreprotegido durante su infancia, no tolerará los cambios y tenderá a evitar situaciones nuevas y contactos sociales.
El niño a lo largo de su infancia, debe aprender a ser autónomo, de lo contrario, buscará la persona que le resuelve las situaciones y no sabrá enfrentarse a ellas por sí solo.
Sorprendentes las conclusiones del científico japonés Masaru Emoto, tras haber realizado miles de experimentos con agua.
Su hipótesis demuestra cómo las palabras y la música influyen en el proceso de cristalización del agua. Las palabras positivas provocan una cristalización más ordenada, el agua es más pura. Las vibraciones de la música también determinan la disposición de los cristales.
El porcentaje de agua en un ser humano varía según la edad y la masa corporal, pero ronda el 75%. Este porcentaje en los embriones es aún mayor.
La conclusión que podríamos sacar por tanto, es que el efecto de las palabras positivas y de las melodías armónicas, pueden tener un efecto saludable para el organismo del bebé.