En su segundo año de vida el niño ya puede comer prácticamente lo mismo que un adulto. Su dieta debe ser equilibrada y variada de modo que le aporte todos los nutrientes necesarios.
Es muy importante enseñarle desde este momento unos hábitos alimentarios correctos que probablemente mantendrá a lo largo de su vida. Sin embargo, esto lleva su tiempo y tendrá que derrochar paciencia y tranquilidad.