OBJETIVOS DE LOS PADRES EN ESTE TERRENO
Al disminuir su apetito, el niño se vuelve selectivo a la hora de elegir los alimentos que va a ingerir. De ahí que a menudo aparte la cabeza cuando no le gusta lo que le ofrecen.
Esta nueva capacidad selectiva afecta también a la frecuencia y la constancia con la que ingiere los alimentos. Puede comer mucho en el desayuno y rechazar luego la cena. O puede que un día sólo quiera un determinado alimento y al día siguiente lo rechace.
Para evitar que el niño se quede sin comer, es aconsejable ofrecerle una selección de alimentos de distintos sabores y texturas cada vez que tenga hambre. Si en ese momento lo rechaza todo, hay que ofrecérselo de nuevo más tarde.
Pero en ningún caso se deben sustituir estos alimentos por dulces o galletas, pues, de esta manera, el niño preferirá antes cualquier dulce a su comida y rechazará la comida para obtener su premio.
Desde su nacimiento, su paladar ha recibido principalmente sabores dulces y por eso el niño siempre se sentirá más inclinado hacia los alimentos de este tipo, aunque sólo los pedirá si los ve. No es recomendable obligarle a comer siempre a unas horas determinadas. Ante la insistencia del adulto para que coma a una hora determinada, el niño puede tardar aun más en decidirse a comer.
Generalmente a los 15 meses el niño ya puede comer solo y beber en vaso. Si tira la comida al suelo, si utiliza los dedos para comer o si los mete en el plato para dibujar con la comida, lo hace porque le parece divertido.