La señal más evidente del embarazo para la mayoría de las mujeres es la amenorrea, es decir, la ausencia de menstruación. Algunas notan, antes de que se produzca esta falta, otros cambios como los descritos arriba.
No es raro que especialmente durante el primer trimestre del embarazo la mujer sufra rechazo ante alimentos, olores y sabores que antes toleraba. Además, puede experimentar súbitos cambios de humor y estar más sensible, lo que puede repercutir en las relaciones con su pareja y con su entorno más próximo.
Ante estos primeros síntomas es aconsejable confirmar cuanto antes el embarazo, aunque la presencia de uno o varios de estos signos no significa necesariamente que la mujer esté embarazada.
En cualquier caso, la visita al ginecólogo es obligada para que confirme o descarte el embarazo. En el caso de confirmarse será éste quien marque los pasos a seguir durante los próximos nueve meses, ya que no hay dos embarazos iguales.
Muchas mujeres recurren, en un primer momento, a las conocidas pruebas de orina de venta en farmacias. Éstas detectan la presencia de la hormona gonadotropina coriónica humana (HCG) que se encarga de segregar estrógenos y progesterona al inicio del embarazo para formar la placenta. Los fabricantes de estas pruebas aseguran que su fiabilidad es de casi el 100%. También se pueden realizar análisis de orina más precisos en un laboratorio para detectar la presencia de esta hormona.
El embarazo también se puede confirmar mediante un análisis de sangre. Además de confirmarlo, esta prueba permite calcular la edad del feto o la existencia de complicaciones en el inicio de la gestación como la amenaza de aborto espontáneo.
Sin embargo, la prueba definitiva del embarazo es el diagnóstico por ecografía, donde no existe posibilidad de error.