Se produce por el aumento del tamaño del útero, que altera el centro de gravedad de la mujer. Ésta modifica paulatinamente su postura (separa las piernas para equilibrarse y arquea la espalda) y provoca una mayor presión sobre los ligamentos y las articulaciones.
Esta molestia también se produce por la mayor laxitud de los ligamentos de los huesos pélvicos debida a la relaxina, una hormona que se segrega durante el embarazo para permitir el paso del bebé por el canal del parto. Los ligamentos de la columna también se ablandan, lo que supone un mayor esfuerzo para las articulaciones de la espalda. Al final del embarazo, estas molestias en la zona lumbar suelen aumentar por el mayor tamaño del útero.
Corregir la postura y caminar, pues esta actividad física ayuda a corregir la curvatura excesiva de la espalda y fortalece los músculos del abdomen.
Practicar ejercicios específicos para fortalecer los músculos de la espalda y el abdomen, especialmente el ejercicio del gato.
Utilizar calzado cómodo para pasear, preferentemente con un tacón de unos 3-4 cm. No convienen los tacones muy altos, pero tampoco los que son totalmente planos, ya que durante el embarazo el arco de la planta del pie disminuye por la hormona de la relaxina. Esto puede provocar dolor en la planta y mala circulación de retorno.
Sentarse con la espalda recta pegada al respaldo de la silla o si se trata de un sofá profundo, colocar unos cojines entre la espalda y el respaldo.
No tumbarse boca arriba con las piernas extendidas, porque la zona lumbar se arquea.
Tumbarse de lado para dormir con la pierna de arriba flexionada sobre un almohadón o el colchón.