La amniocentesis es una técnica de diagnóstico prenatal que sirve para diagnosticar algunas anomalías fetales.
Se trata de una prueba "invasiva", ya que hay que penetrar dentro del útero y la bolsa amniótica pinchando con una aguja a través de la pared del abdomen de la madre.
La punción se realiza en condiciones de asepsia quirúrgica y controlando la punción mediante ecografía. Luego se extrae una pequeña cantidad de líquido amniótico (entre 14 y 20 c.c. puede ser suficiente).
Suele hacerse entre las semanas 13 y la 17 (antes es muy difícil y más tarde es mejor usar otras técnicas).
La amniocentesis consiste en la extracción de una pequeña cantidad de líquido amniótico para analizarlo. Se puede analizar la composición del líquido, cultivar las células, hacer estudios genéticos. El líquido amniótico se compone principalmente de orina del bebé, en la que flotan células de las diversas partes de su cuerpo: de la piel, de las vías urinarias, de la boca, de los pulmones,... En él se puede detectar:
Existe un riesgo de aborto de entre el 0,5 y el 1%, ya que se trata de una prueba invasiva que conlleva la punción del abdomen y del útero. Aunque la amniocentesis siempre se realiza bajo control ecográfico, otras complicaciones posibles son:
Por todo ello en el hospital suelen hacer firmar un documento llamado consentimiento informado cuando van a realizarse estas pruebas invasivas. Antes de la prueba debe conocerse el grupo sanguíneo de la madre y sus posibles alergias. Después de la punción, se recomienda hacer reposo dos días para evitar sangrados, pérdida de líquido o contracciones uterinas. ![]()