Las pautas de sueño de los bebés son distintas a las de los adultos. A ellos les cuesta conciliar el sueño y nunca duermen toda la noche de un tirón, pues necesitan alimentarse a menudo.
Al igual que en los adultos, el sueño del bebé se divide en fases de sueño profundo o no REM y fases de sueño activo o REM. Ahora bien, en el caso del bebé, estas fases se alternan con mayor frecuencia que en los adultos.
Las fases de sueño activo o REM, en las que el bebé está más inquieto, abarcan aproximadamente el 80% del tiempo que está dormido. Por ello se despiertan tan a menudo y con tanta facilidad. El sueño del bebé comienza con esta fase de sueño activo, en la que se mueve, gimotea o sonríe, sus ojos se mueven debajo de los párpados y cualquier estímulo externo o interno le despierta.
Después de la fase REM, el bebé pasa a la fase de sueño profundo o no-REM, en la que la respiración es regular, apenas existe movimiento y, si el bebé se despierta por algún estímulo externo, vuelve a dormirse al poco tiempo. A medida que van pasando las semanas, el sueño del bebé cada vez tiene fases más largas de sueño profundo.
El predominio de fases REM, unido a la necesidad del bebé de recibir alimento con regularidad, hacen que el ritmo día-noche no se desarrolle en el bebé hasta el cuarto o quinto mes.