El momento del primer paseo y el tiempo que debe durar varían según la estación del año y el clima del lugar. Por lo general el recién nacido puede empezar a salir alrededor de la segunda semana de vida.
En los países más meridionales, salvo días aislados, de lluvia, nieve o viento intensos, siempre hay un rato de temperatura aceptable para dar un paseo al bebé. Además, a la madre también le conviene "estirar las piernas" y tomar el aire. En los países más septentrionales los bebés salen aunque nieve (¡o no saldrían en todo el invierno!).
En verano es aconsejable evitar las horas de máximo calor y la exposición prolongada al sol. Siempre que el bebé esté a gusto, conviene que el paseo dure al menos media hora y realizarlo por un parque o una zona arbolada. El aire libre sosiega al bebé y le ayuda a dormir mejor.
Sólo debe suprimirse el paseo cuando las condiciones climatológicas así lo aconsejen. No es recomendable salir a pasear con el bebé si hace un calor excesivo, si llueve o nieva, si hay mucha niebla o en días de mucho viento. Un gorro de lana y unas manoplas son un complemento necesario en los días fríos de invierno.
Durante el paseo, el cochecito ofrece al bebé un espacio seguro y le protege contra el frío y el sol. En verano, el cochecito debe estar siempre a la sombra, pues la piel del bebé es muy delicada y los rayos del sol pueden producirle quemaduras. En los días de mucho calor es conveniente llevar un biberón con agua y proteger la piel del bebé con una crema con un alto factor de protección solar.
De hecho, aunque el sol proporciona calor al bebé y favorece la creación de la vitamina D que necesita para el desarrollo de los huesos, ni siquiera en invierno es aconsejable que el recién nacido esté expuesto demasiado tiempo al sol.