La habitación dónde bañes a tu bebé debe estar a una temperatura agradable, aproximadamente unos 20 grados, y no debe tener corrientes de aire, focos de luz directa ni ruidos.
El bebé no debe quedarse sólo en el baño en ningún momento. Por ello, antes de empezar es necesario tener a mano:
El polvo de talco puede ser tóxico para el bebé si éste lo inhala. Si no es necesario, es preferible prescindir de su uso.
La bañera debe ser anatómica y de plástico antideslizante y puede colocarse encima de una mesa o dentro de la bañera, aunque esta última opción resulta más incómoda. Las bañeras-cambiador evitan tener que trasladar al bebé a otra habitación y tener que preparar un sitio diferente para secarle y vestirle.
No debe llenarse más de 10 ó 15 cm y el agua debe estar a la temperatura del cuerpo, entre 36 y 37 grados. Si no se dispone de un termómetro de baño, puede comprobarse la temperatura introduciendo un codo en el agua.