Es normal que los oídos del bebé tengan abundante cera. Aunque a algunos padres pueda sorprenderles, ésta es necesaria para proteger el oído medio e interno de las infecciones externas.
La cera debe tener un aspecto amarillento y pegajoso; de no ser así es recomendable que consulten con el pediatra.
No es conveniente intentar quitar la cera mediante bastoncillos, pues puede empujarse hacia dentro, formando tapones en el interior del oído.