Cuando se produce un golpe de calor, el bebé se muestra aturdido, su piel está caliente, las venas se hinchan, aumenta su temperatura corporal hasta alcanzar los 39º, e incluso puede llegar a desmayarse.
El bebé además puede presentar sequedad en la piel u otros síntomas como dolor de cabeza o convulsiones.
Si tu bebé sufre un golpe de calor es importante que mantengas la calma, pero debes actuar con rapidez. En este caso, si el golpe de calor es grave, hay que llevar al bebé a un lugar fresco y ventilado, quitarle la ropa y ofrecerle una solución de rehidratación oral, que puedes adquirir en una farmacia.
Con un paño húmedo conviene refrescar su cuerpo, y en especial su nuca y sus muñecas. También es aconsejable elevar un poco los pies del suelo y abanicarle con el objeto de facilitar la transpiración.
Aunque tu bebé mejore, es aconsejable llevarlo a urgencias para que el médico señale un diagnóstico más preciso.
Una de las medidas de prevención para evitar los golpes de calor es evitar las altas temperaturas y la exposición al sol de tu bebé sin protección. Podemos aclimatarlo a un ambiente determinado (playa, piscina, montaña...) de forma progresiva. Por ejemplo, el primer día basta con exponerlo a la temperatura ambiente durante diez minutos, el segundo veinte, el tercero media hora ...
También es recomendable evitar las horas centrales del día a la hora de realizar nuestros planes. Tanto en tu residencia habitual como en tu destino de vacaciones, busca un lugar fresco y a la sombra para tu bebé.
Lleva siempre una sombrilla o un protector solar al lugar que elijas. Además de una buena crema de protección solar alta, que debes aplicar tanto los días de sol como los días nublados, viste a tu bebé con una camisa de tonos claros y de tejido transpirable, y protege su cabeza con un gorro o sombrerito.
Observa su estado de ánimo, por ejemplo si está alegre o decaído, ya que su comportamiento puede ser un indicador de que algo ocurre, y también el tono y aspecto de su piel (enrojecida, sudorosa…). Y si detectas alguno de los síntomas del golpe de calor actúa de la forma que hemos descrito en el punto anterior.
Para evitar que el golpe de calor desencadene en una complicada deshidratación, es muy importante que ofrezcas de beber con frecuencia a tu hijo, aunque parezca que no tenga sed. Si a tu bebé le cuesta beber, prueba a darle pequeños sorbos a lo largo del día.