A los bebés pequeños les encantan por el ritmo y la música, pero sobre todo porque sus padres interactúan con él.
Muchos son espontáneos, inventados por los padres en su interacción con el bebé. Otros son "tradicionales", es decir, que tienen música, letra y gestos ritualizados, y se han ido transmitiendo a través de las generaciones. Son, por lo tanto, muy variados, aunque suelen tener también grandes parecidos. ("Cinco lobitos tenía la loba...", "Date, date, date. Date en la mochita...", "Aserrín aserrán"...).
Sean pues espontáneos o "aprendidos de la abuela", estos juegos desempeñan un importante papel en la maduración del bebé. Mediante sonidos, gestos, movimientos, caricias, se facilita el desarrollo de nuevas habilidades en el bebé:
La repetición del juego le sirve al niño de entrenamiento en diferentes habilidades. También le proporciona placer el descubrir que "sabe" lo que va a ocurrir después.
Los juegos de falda tienen siempre alguno de los siguientes componentes:
Estos juegos contribuyen a reforzar el vínculo entre padres e hijos. Los padres pueden dedicar pequeños momentos del día para hablar y juguetear con el bebé. También se puede aprovechar el rato del baño, cuando se le viste o se le cambia el pañal.