Las primeras semanas de vida los bebés apenas tienen lágrimas. Aunque lloren, lo hacen sin lágrimas. Poco a poco, empiezan a producirlas en más cantidad.
Algunos bebés, en cambio, siempre están lagrimeando. Basta con que les dé el aire en la cara. Se debe a que el conducto lagrimal está poco desarrollado. Para ayudar a que este conducto se abra más hasta alcanzar el tamaño normal, se recomienda dar un suave masaje en la parte del ojo más cercana a la nariz.
Si además el bebé tiene legañas abundantes, indica que puede tener una pequeña infección en el saco lagrimal. En este caso, además del masaje, se enjuagarán los ojos con agua hervida o suero salino fisiológico. Si en un par de días no desaparecen las legañas, el pediatra recomendará gotas o pomada oftálmica con antibióticos.
En algunos bebés el conducto lagrimal está obstruido, por lo que no llega a abrirse por sí solo: continuamente lagrimean y tienen legañas. Si esto persiste más allá de los 6 meses, el oculista puede abrírselo con un instrumento especial.