Son muy aconsejables tanto para la madre como para el bebé. Permiten al bebé respirar aire fresco y tomar el sol. Poco a poco le ayudan a familiarizarse con el mundo cambiante en que vive.
La madre activa la circulación de sus piernas, que durante la gestación suele alterarse un poco (varices, presión del abdomen que dificulta el retorno venoso).
Para sintetizar vitamina D es conveniente exponer diariamente una parte de la piel al sol durante unos pocos minutos.
En el cochecito:
Debe asegurarse de que el bebé tiene espacio suficiente.
Si hace frío, es preciso cubrirlo con la funda, permitiendo una adecuada ventilación.
Si llueve, existen cubiertas impermeables. Pero hay que abrirlas a menudo, pues son demasiado herméticas.
Si hace calor, puede ser necesaria la capota o la sombrilla para proteger al recién nacido del sol excesivo.
A veces hará falta un mosquitero de gasa.
En la mochila-canguro:
Es preferida por las familias aficionadas a la vida al aire libre.
Permite tener las manos libres para hacer otras cosas: la compra, dar la mano al hermano, ir a coger setas...
Las primeras semanas quizá necesite un poco de soporte extra en la cabecita.
No produce lesiones de la espalda ni de los miembros.
Los primeros meses el bebé irá mejor por delante. Al oír el latido del corazón de quien le lleva, se relajará y dormirá con facilidad.
Si hace frío, el bebé va muy abrigado por dentro del abrigo del adulto.
Si llueve, va protegido por el paraguas y/o el impermeable
Es una costumbre que nos ha llegado de las culturas orientales (India). Después del baño o en cualquier otro momento, se aplica un poco de aceite o crema hidratante por toda la piel del bebé, masajeando con toda la mano (no con la punta de los dedos).
Para el bebé, ser tocado y acariciado es agradable y relajante. Cada una de las partes de su cuerpo adquiere importancia.
El masaje puede contribuir al sueño. También se recomiendan masajes para estimular la movilidad muscular en niños que tengan algún retraso de su maduración o en aquellos que estén muy rígidos.