En estos meses el bebé comienza a dormir más horas por la noche y menos durante el día. Probablemente duerma dos siestas al día, una a media mañana y otra por la tarde, de entre 1 y 3 horas cada una. Por la noche es posible que ya duerma 8 horas seguidas.
Si duerme toda la noche de un tirón, no hay inconveniente en dejar que prolongue sus siestas todo el tiempo que necesite (pues estará reponiendo energías). Pero si las siestas interfieren en su descanso nocturno, lo mejor es acortar la de la tarde. Conviene, en cualquier caso, tratar de mantener una regularidad horaria.
Los padres son quienes deciden dónde, cuándo y cómo van a organizar que su hijo pase la noche. Estas son algunas de las dudas que se pueden plantear:
Hace muchos años que el sueño humano es objeto de investigaciones, pero todavía persisten muchos interrogantes. Durante el sueño, el cerebro sigue funcionando, pero con ritmo diferente de cuando se está despierto.

Cada 90 minutos se pasa de una fase de sueño profundo a otra de sueño ligero o rem (porque en esos momentos los ojos se mueven aunque los párpados estén cerrados). En esas fases de sueño ligero es más fácil despertarse. Además, cada 3-4 horas, en uno de esos cambios de fase, es aún más probable que el bebé se despierte.
Algunos bebés se agitan en esos momentos, gimotean o se despiertan completamente. A veces son capaces de volver a "coger el sueño" casi sin transición. Otros no: necesitan mamar, succionar el chupete o ser acariciados para volver a quedarse dormidos.
Como todas las reacciones del bebé, esta capacidad de quedarse dormido sin ayuda tiene mucha relación con su temperamento. Y por tanto no es fácil conseguir cambiarlo.
Tarde o temprano, sin embargo, la gran mayoría de los niños llega a dormir toda la noche de un tirón.
Algunos padres prefieren tener a su hijo cerca durante la noche. Les tranquiliza escuchar su respiración en la cuna, incluso no tienen inconveniente en compartir la cama. Para ellos es preferible dormir "con un ojo abierto", especialmente si comprueban que el bebé está tranquilo.
Otros padres, en cambio, prefieren más independencia y optan por sacar al bebé de la habitación hacia los 6 meses o antes. Esto fue una moda originada en Norteamérica, allá por los años 20-30, cuando cundió la idea de que tocar mucho a los bebés y cogerlos cuando lloraban era sinónimo de malcriarlos. También argumentaban que así era más "higiénico" en una época en que la asepsia se anteponía al cariño (en una sociedad victoriana en que los besos se consideraban mecanismos de transmisión de "bichos").
Compartir habitación tiene algún inconveniente como que los padres o el bebé tengan el sueño ligero. En ese caso, los ruidos naturales de cualquiera de los durmientes (un suspiro, un ronquido, hablar o moverse en sueños) pueden despertar a los demás.
Estar lejos también los tiene. Si el bebé llora, hay que levantarse. Si está enfermo, habrá que dar más paseos.
RITUALES PARA FAVORECER EL SUEÑO
Bañar al bebé antes de acostarlo, darle masajes o darle el pecho o un biberón antes de dormir, son distintas maneras de relajar al bebé y favorecer la llegada del sueño. Determinados ritos adormecedores, como las nanas y la música suave, también pueden calmar al bebé y ayudarle así a conciliar el sueño.
Además, repitiendo todas las noches los mismos rituales, el bebé identificará estas actividades con el sueño y relacionará la noche con la hora de dormir y el día con la hora de jugar.
A esta edad el bebé no suele necesitar de ositos, peluches o mantitas para dormir, pero estos objetos serán de mucha utilidad a medida que el bebé crece. El osito que acompaña al niño en su sueño hace el papel de la madre o el padre. Es decir, le proporciona seguridad y consuelo "en lugar" de ellos. De forma que el bebé está tranquilo y siente que sus padres están con él, a través del peluche favorito o la suavidad de su trapito.
La mayoría de los bebés no tiene dificultades para dormir. Si las tiene, habrá que analizar bien cuáles pueden ser las causas y los sentimientos, deseos y necesidades de los padres. No existe una fórmula única o milagrosa para cada caso.
Algunos factores que se deben tener en cuenta son por ejemplo:
En cualquier caso, conviene tener presente que los sentimientos del bebé llorando en la oscuridad, sin recibir atención, pueden ser de tristeza y abandono.
El sueño diurno debe tener lugar en una habitación con luz natural, y el sueño nocturno, en una habitación oscura y silenciosa. Poco a poco, el bebé aprenderá a distinguir el día de la noche.
Si, además, después de la siesta, los padres le sacan de la habitación, le hablan y juegan un rato con él, y por la noche no le proporcionan ningún tipo de entretenimiento, el bebé aprenderá a distinguir entre el momento del sueño y el de la vigilia.
Algunos bebés necesitan tener algo de luz para poder conciliar el sueño, pues la oscuridad les asusta cuando duermen solos. Una pequeña luz de enchufe puede resultar tranquilizadora para el bebé y muy útil para los padres cuando tienen que atenderle.