Científicos de la Universidad de Queensland llegaron a la conclusión de que los hijos de madres fumadoras están más predispuestos a fumar, a partir de la adolescencia, que los hijos de madres que no consumen tabaco. Según fuentes consultadas, la investigación se inició en el año 1981 y concluyó cuando los niños cumplieron 21 años de edad.
En todo el proceso se analizaron tres grupos de mujeres: las que fumaban, las que abandonaron el hábito durante la gestación y las que nunca lo hicieron. Los resultados indican que el número de jóvenes que empezaron a fumar después de los 14 años se triplicaba, si eran hijos de madres fumadoras. Después de esa edad la proporción se duplicaba.
Los hijos de las madres que dejaron de fumar durante el embarazo se comportaron igual que los de las madres que nunca fumaron. De esta forma, los autores del estudio, publicado en la revista Tobacco Control, señalan una relación directa entre el hábito de fumar de la madre con el posterior del hijo. “Lo que ofrecemos es un incentivo más a las mujeres para persuadirlas de que no fumen o, al menos, de que no lo hagan durante la gestación para no dañar a sus hijos”, indican.
Los expertos señalan que la mujeres que no abandonan este hábito incitan, de alguna forma, a que sus hijos se conviertan en fumadores futuros. Durante el embarazo, la nicotina atraviesa la placenta y actúa directamente sobre el embrión y el feto. Además, la nicotina produce problemas respiratorios como el asma y dificultades en el aprendizaje y comportamiento infantil.