5 buenos propósitos sobre la educación de los niños para 2012

Tengo una manía confesable. Todos los años escribo una lista de “buenos propósitos”. Así que, pasado el alboroto propio de las fiestas de Navidad y siendo fiel a mi particular tradición, decidí encerrarme en mi habitación para redactar concienzudamente mi lista de buenos propósitos para 2012.

A diferencia de otros años, éste quería centrarlo en la educación de mis hijos, algo que últimamente me trae un poco de cabeza. Os voy a confesar por qué. Las demandas de mis niños a veces me dejan sin aire y sin aliento. Tarde sí y tarde no, cuando tengo que hacer algún trabajo desde casa, mis hijos de 6, 9 y 13 años me necesitan para resolver sus pequeñas “cuitas” diarias, como es lógico.

Hay días que, en menos de media hora, me asaltan con sus sempiternas preguntas: Mamá, no entiendo los deberes de matemáticas (Sergio, mi hijo mayor),  Mamá, qué hay de cenar (Carlos, mi hijo pequeño), Mamá, me duele el estómago (Alejandra, la mediana). Al tiempo suena el teléfono y mi pareja, que también tiene lo suyo, me suelta (Cariño, ¿qué estabas haciendo que no me cogías? ¿Ya has revisado los documentos que te envié?).

En esos momentos, inspiro-respiro varias veces, como me enseñaron en las clases de relajación, hasta que puedo manejar de nuevo la situación sin soltar algún que otro “bufido” innecesario. Y esto sin hablar de la pelea de recoger lo que han desordenado y mis esfuerzos titánicos por tratar, solo tratar, de que los horarios se cumplan… algo.

Cinco buenos propósitos sobre la educación de los niños

1. No enfadarme si los niños no siempre ayudan en casa.

Cada día la casa se convierte en una auténtica leonera: juguetes desparramados por la habitación, escritorios llenos de papeles sin clasificar, mochilas abandonadas a su suerte… Podría seguir así hasta el infinito. Aunque he educado a mis hijos para que cooperen en casa y se responsabilicen de su espacio, mi primer propósito para 2012 es no enfadarme si  no siempre los niños ayudan en casa.

2. No impacientarme si no se cumplen los horarios.

A medida que avanza el día los horarios se nos desmadran… Cuando los niños llegan a casa después del colegio empiezan las crisis: las actividades extraescolares, las interminables tareas, las cenas… Mi segundo propósito es no enfadarme si no se cumplen estrictamente los horarios. ¡Las cosas no salen siempre como uno las programa!

3. No ceder a sus chantajes diarios con la comida.

Aunque me paso media vida confeccionando menús equilibrados, muchas veces acabo cediendo a los continuos chantajes de mis hijos con la comida. Mamá, que a mí me gustan las patatas fritas, no cocidas. Mamá, que yo prefiero filete empanado en lugar de verduras. Mamá, puedo tomar postre de chocolate en lugar de fruta. Mi tercer propósito es frenar las demandas diarias de mis niños sobre los cambios de menú. ¡Un único menú para toda la familia!

4. No enfadarme por los deberes de los niños.

Las crisis con los deberes a última hora de la tarde las llevo un poco mal. Mamá, no entiendo el enunciado de este ejercicio. A ver, cariño- le atiendo con la mejor de mis sonrisas – fíjate bien y vuelve a leer el enunciado. Cuando alguno de mis niños todavía está a vueltas con las tareas, reconozco que me supera. Mi cuarto propósito es mantener una actitud “zen” aunque nos den las tantas de la noche.

5. La televisión solo es para el fin de semana

La televisión se ha convertido en otro tema de discusión en casa. Para mi pareja tanto da si la tele se puede ver o no entre semana. En mi caso, prefiero que entre semana dediquen el tiempo libre a otras cosas, como jugar, leer o hacer alguna manualidad, más que engancharse bobamente a la tele. Mi quinto, y último propósito, es enseñarles a ver la tele con criterio y solo algunas horas durante el fin de semana. ¡Creo que tendré que recurrir al chantaje: una hora de lectura es igual a una de dibujos!

Hasta aquí mi lista de propósitos para este año 2012.

Pasado el primer mes me asalta una gran duda: ¿sirven de algo los buenos propósitos o es deperdiciar tiempo, tinta y papel? En mi caso…, pese a los esfuerzos, nada ha cambiado este año. Bueno… sí. ¡He conseguido que coman coliflor sin rechistar! Algo es algo.

En tu caso: ¿también se te desmadran los horarios?, ¿haces listas con “buenos propósitos”?, ¿los cumples? ¿o te deprimen?

Autora: Irene Polar

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