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¿Cómo se comportan vuestros hijos en los lugares públicos?

La semana pasada me tocó revisión con el dentista. Era por la tarde y tras una agotadora jornada laboral todas mis aspiraciones consistían en aterrizar sobre el sofá de la sala de espera donde relajarme unos instantes al son del hilo musical. Así de tristes son las metas de esta insomne trabajadora en su vida

La semana pasada me tocó revisión con el dentista. Era por la tarde y tras una agotadora jornada laboral todas mis aspiraciones consistían en aterrizar sobre el sofá de la sala de espera donde relajarme unos instantes al son del hilo musical. Así de tristes son las metas de esta insomne trabajadora en su vida cotidiana. La cuestión es que todos mis sueños se vinieron al traste cuando poco después apareció una madre junto a su criatura de 11 añitos para revisarle la ortodoncia.

No, no es que tenga poderes para saber el objeto de su visita al doctor, es que el tono del chaval se escuchaba hasta en el piso de al lado: las hazañas de su equipo de fútbol, los deberes de mates que tenía por hacer y hasta el menú que le esperaba para cenar fueron de dominio público en cuestión de minutos.

Frente a las conversaciones susurradas de los adultos, el chico se paseaba como un gato enjaulado; se sentaba, jugaba un ratito a la PSP, o emitía algún que otro gallo para tortura del personal. El viejecito del sillón de enfrente resoplaba a cada exabrupto del pequeño, y aunque los nervios de la sala estaban a punto se desbordarse yo sentí cierta pena por esa madre abochornada e incapaz de controlar a su cachorro.

Sin embargo, no quisiera exponer el caso sin hacer también cierta autocrítica: nuestra sociedad somete al menor a obligados espacios en los que rigen las estrictas normas del adulto, y parece inocente creer, que por cruzar el umbral de un restaurante, iglesia u hospital el niño deja ipso facto de comportarse como tal. Ellos no entienden de las rígidas fronteras de los mayores, aunque nuestra responsabilidad sea el moldear su comportamiento para las distintas situaciones que van a tener que afrontar.

Imagino que en el término medio está la virtud y sobre todo, tomo ejemplo, por lo que me concierne como madre, ya que mañana puedo ser yo la que dé la nota en cualquier sala  de espera.

En tu caso: ¿Cómo se comportan vuestros pequeños en los lugares públicos? ¿Qué haríais si otro adulto reprende a vuestro hijo?

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Autora: Cecilia Frías

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