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¡Terror a la fiebre! ¿Vas a urgencias cuando el niño se pone malo?

Me consuela ver que, en general, casi todos los padres pecamos de las mismas neuras. En estos últimos días he leído diversos artículos sobre la tendencia común a erigirnos en doctores en cuanto le sube la fiebre a uno de nuestros pequeños. Ya se sabe que por unas decimitas de nada no vas a lanzarte

En determinadas épocas del año es habitual que los niños tengan fiebre.Me consuela ver que, en general, casi todos los padres pecamos de las mismas neuras. En estos últimos días he leído diversos artículos sobre la tendencia común a erigirnos en doctores en cuanto le sube la fiebre a uno de nuestros pequeños. Ya se sabe que por unas decimitas de nada no vas a lanzarte a la consulta del pediatra (donde si, por fortuna, el niño no está malo, se contagia seguro con alguna de las miasmas que deambulan por el denso y acalorado ambiente).

La clave está en el sentido común, nos dicen los expertos (observar si el niño está mustio en exceso o si por el contrario continúa jugando), y en caso necesario administrar la dosis correcta de antitérmico cuando se superan los 38 grados.

Ahora bien, la cosa cambia si alcanzamos los 39º: las urgencias se colapsan cuando nos rondan los fantasmas de las convulsiones, las taquicardias o la mera posibilidad de daños cerebrales. Según indica un artículo publicado en El Mundo, ahí comienza la llamada “fiebrefobia”: y la angustia se dispara entre los padres, porque obviamente estamos en temporada alta de catarros, gripes y neumonías. Los especialistas intentan apaciguar los ánimos remarcando que no siempre una temperatura alta es sinónimo de enfermedad grave, pero a ver quién es el guapo que se queda en casita cuando la criatura comienza a hervir.

He de reconocer que como primeriza visité mucho más el hospital por este motivo que con el segundo de mis chicos: la experiencia siempre es un grado, aunque lo cierto es que prefiero que me tilden de madre histérica a que la preocupación me provoque una úlcera.

Imagino que en el término medio estará la virtud y que con la sobredosis de información que nos proporciona Internet todo se hace más complicado. Muchos hemos sucumbido a la tentación de calmar nuestra curiosidad en la Red, pero que nadie se confunda: por muchos datos, síntomas y tratamientos que encontremos sobre una dolencia jamás se podrán equiparar a la atención directa de un médico.

En tu caso: ¿eres de las que acude al pediatra ante el menor de los síntomas o prefieres dar un tiempo para ver cómo evoluciona la enfermedad?

Autora: Cecilia Frías

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