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LA TELE Y LOS NIÑOS PEQUEÑOS

Tengo que confesar que hasta hace pocos días no me había percatado de que tenía un pequeño problema familiar: LA TELE y el uso que mis pequeños hacen de la misma. Ejem, o mejor dicho, el uso que les “hemos consentido” hacer. Resulta que desde que vivía sola tengo la particular costumbre de encender el

La televisión y los niñosTengo que confesar que hasta hace pocos días no me había percatado de que tenía un pequeño problema familiar: LA TELE y el uso que mis pequeños hacen de la misma. Ejem, o mejor dicho, el uso que les “hemos consentido” hacer. Resulta que desde que vivía sola tengo la particular costumbre de encender el susodicho aparato nada más entrar en casa para que me haga compañía. Es que el silencio me angustia (Lupe, por Dios, que no estás en terapia!!). Luego me casé y como no me bastaba con la tele del salón, me puse otra en la cocina para ver las noticias en el desayuno, los programas de cocina mientras guisaba…

Total, que piano, piano nació Sarita y llegamos a le época de los purés: pues nada, que la niña se acostumbró a comer con Arguiñano de fondo, y llegamos a tal punto que si no estaba el cocinero se negaba a abrir el pico. ¡Una esclavitud que revivo con su hermano y a la que no he sabido poner remedio!

Lo malo es que las circunstancias para encender la “caja tonta” se han ido ampliando: Que si tarde de lluvia y no podemos salir al parque, pues pintamos un ratito y en el momento en el que de puro aburrimiento se empiezan a meter los plastidecores en el ojo, un poquito de tele para que no llegue la sangre al río. Que si tengo que rematar unos asuntos pendientes en el ordenador, pues ponemos a Pocoyó y como si no hubiera niños en casa. Que si la siestecita del sábado…

Huumm, creo que este asunto se me está yendo de las manos: la otra noche escuché que Álex se levantaba y, asombrosamente, no se venía a acostar en nuestra cama. En principio di gracias al cielo, pero a los pocos segundos empecé a escuchar un suave murmullo. Medio grogui, y con la mosca detrás de la oreja, salí del cuarto persiguiendo el rastro del citado susurro hasta llegar al salón: ahí estaba mi niño, tan feliz, repantingado en el sofá frente a los Simpson. ¡¡Eran las 5 de la mañana!!

¿Creéis que debo eliminar las televisiones de mi casa por una temporadita? ¿Vuestros niños sufren de esta “pequeña adicción”? ¿Quéee hago?

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