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¿Por qué no duerme mi niño?

Conste que estoy como loca con mi niño. Que no es pasión de madre, pero me ha salido de anuncio: no sé por qué extraña combinación genética la verdad, pero de padres castaños y chaparritos ha nacido un precioso bebé rubito y de ojos claros (y juro que no tuve ningún desliz con un sueco;

Un niño duerme dulcemente Conste que estoy como loca con mi niño. Que no es pasión de madre, pero me ha salido de anuncio: no sé por qué extraña combinación genética la verdad, pero de padres castaños y chaparritos ha nacido un precioso bebé rubito y de ojos claros (y juro que no tuve ningún desliz con un sueco; ¡las ganas!).

Pero como no todo se puede tener en esta vida, Álex es precioso, simpático… pero ni me come (por cierto, ¡gracias a todas por vuestros consejos para endosarle la fruta!), y últimamente, ni me duerme.
En este sentido su hermanita fue divina. Creo que en sus tres años de vida me habrá dado cinco o seis noche malas, y por causas de fuerza mayor, del tipo anginas, paperas o alguna otra monería. Así que cuando vi que al principio de tener al niño se sucedían las noches en vela me dije a mí misma: “Lupe, tú tranquila, que estos son los cólicos del lactante. En cuanto pase el primer trimestre todo se calmará”.

Pero pasaron los meses y el tema tenía muy mala pinta: la frecuencia e intensidad del llanto eran las mismas, el biberón de las cinco de la mañana también, pero el peso que me tenía que echar a las espaldas para dormirle en bracitos iba “in crescendo”. Así, hasta hace unas semanas en las que ya estaba al borde de la crisis, yendo a trabajar cada día con tan solo 3 o 4 horas de sueño.

Había oído hablar miles de veces del método del doctor Estivill, el famoso Duérmete niño, y aunque era bastante escéptica al respecto, decidí pedirle prestado el libro a una compi de la oficina. En definitiva, se trata de crearle al niño una serie de estímulos externos: un osito, una foto relajante, una nana… para que nada más percibirlos sepa que ha llegado la hora de irse a dormir. Como obviamente el bebé berrea de lo lindo, tú le vas haciendo visitas periódicas según una tabla de tiempos, que te da el propio método, para que el pobre no se sienta abandonado y sepa que su mamá/papá están ahí a su lado.

Como veréis, no solo me lo leí, me lo empollé e incluso subrayé lo más importante: “Si tu pareja y tú no estáis de acuerdo no hay nada que hacer”. Pues nada, mi chico dijo de entrada, así para animar, que pasaba olímpicamente del tema. De modo que me vi sola ante el peligro. Todo fuera por dormir del tirón algún día. Y como si de un ritual sagrado se tratase le puse un móvil con música en la cuna, le compré un nuevo peluche, y le pegué en la pared la foto de una luna con estrellas que cada noche le muestro antes de acostarle. Pues no sé si fue brujería o que este doctor es realmente un sabio, pero al tercer día yo estaba durmiendo como una bendita. ¡Qué maravilla!

Sé que existen detractores del método por considerarlo excesivamente riguroso, pero ya el propio libro te dice que cada niño es un mundo y que todo debe adaptarse según las circunstancias. En mi caso estoy tan agradecida que no sé, ¡creo que estas Navidades voy a mandarle a Estivill un jamón!!

¿Te deja dormir tu niño? ¿Conoces el método del Dr. Estivill?

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