Mes 04. En el metro
Siempre he tenido complejo de niña gorda, y los años de filete a la plancha y judías verdes no se superan tan fácilmente. Creo que hice mi primer régimen para entrar en el traje de comunión de mi esbelta prima Patricia, y desde entonces las relaciones entre el espejo y servidora han pasado por todo tipo de altibajos.
A día de hoy estoy contenta porque queda superada la difícil barrera del primer trimestre, en la que amén de los miedos a que el niño se afiance, esa sospechosa tripa cervecera (por la que la gente de poca confianza mira con disimulo y apenas se atreve a preguntar) ha pasado a ser una evidente pancita de embarazada que luzco llena de orgullo. Y ya se sabe que en los segundos embarazos el cuerpo está dado de sí (que me lo ha dicho mi médico), por lo que no hay que agobiarse ante cariñosos comentarios del tipo: “¡Hija, qué barbaridad!, si parece que estás de seis meses. A ver si te cuidas un poco.” (Es que la confianza de una madre, a veces da asco). No obstante, me digo a mí misma que no hay que abandonarse, y a parte de prometer no robarle más batidos y galletas a Sarita, me propongo caminar más y renovar mi vestuario.
Una ya puede permitirse los garbeos por las tiendas de ropa premamá, y aunque la experiencia previa me recuerda que la inversión en trapitos es poco práctica (algo así como la pasta del traje de novia que sabes que no volverás a utilizar -o eso espero-) las tendencias han cambiado desde mi último embarazo, y no se trata de ir hecha una adefesio.
Cuando me dirijo en metro a unos grandes almacenes para mis nuevas adquisiciones sucede un extraño fenómeno. Al entrar en el vagón, con todos los asientos ocupados, la gente (y sobre todo los hombres, lo juro, no es prejuicio) empieza a devorar con fruición sus periódicos gratuitos, se concentra potentemente en un punto del suelo o directamente cierra los ojos. Parece que mi “evidente” tripa ha dejado de serlo, y me fastidia, lo reconozco, ver cómo los asientos reservados para discapacitados, ancianos, embarazadas etc. son “invadidos” por personas incapaces de cederlos a los que realmente tienen el derecho de utilizarlos. En esos momentos me gustaría ser como mi amiga Bea, “chica de metro” por antonomasia y embarazada cuarentona, que ya de vuelta de todo no tiene el menor reparo en lanzar esta frase al tendido en semejantes situaciones: “Señores, ¿serían tan amables de dejarme alguno de los sitios reservados para embarazadas?”. Así, con un par. Y la tía lo hace con tal elegancia que logra que ni siquiera se violenten por no habérselo ofrecido de motu propio.
En fin, en mi caso he de reconocer que solo hube de esperar un par de estaciones para que una chica se percatara de mi panza y me ofreciera amablemente su sitio, pero me pregunto cómo afrontarán esta escena las miles de embarazadas que toman el metro cada mañana en plena hora punta.
¿Es que estamos sin civilizar? ¿Es que todos aquellos que no mueven el trasero de su asiento se creen no serán un día ancianos, padres o se romperán una pierna?
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17 comentarios actualmente



La gente esta muy poco educada. A mi me ha pasado lo mismo, bajando las escaleras del metro con el carrito con el niño nadie te echa una mano.
Luego que si no nos ayuda el gobierno con las guarderías o en el trabajo nos ponen problemas, pero si son todos iguales.
24 Sep 2007 a las 6:17 pm
Salgo todos los días de mi trabajo a la hora en que todos los autobuses están llenos. ¡Al principio fue tan molesto que no me dieran el asiento! Estoy embarazada de cinco meses y me siento con derecho a pedirlo a quién lo esté ocupando. No lo hago por mí, sino por el bebé que llevo dentro.
Cariños, Carolina
01 Oct 2007 a las 11:07 pm
Concuerdo con el comentario de Natalia hoy en día la gente esta muy mal educada,cuando estaba embarazada de mi bb que ya esta pronto a cumplir 5 meses, en ocasiones la gente en el metro fue atenta, pero en otras sentí como todos me miraban sin hacer nada yo tenía que mirarlos con cara de rabia para que se dieran cuenta y así alguien atinara a darme el asiento….
saludos y felicitaciones por el blog está excelente!!
05 Oct 2007 a las 8:23 pm
Muy buen artículo me siento muy identificada, Qué le pasa a la gente en estos tiempos si hasta intentar hacer la fila preferencial del supermercado es una perdida de tiempo?
07 Oct 2007 a las 7:08 pm
Pues a mí siempre me dejaban sentarme en el metro porque tenía un tripón de infarto.
Ahora me ha quedado mucha más tripa de la que tenía y me da miedo que me dejen sentarme…todavía no me ha pasado, je, je!!!
17 Oct 2007 a las 10:12 am
La verdad es k si yo tengo una niña hermosísima de 4 meses y cuando estaba de 6 meses tenia tan poco barriga k mis amigos hacían broma diciendo k donde iba con esa barriga cervezera..
18 Oct 2007 a las 7:23 pm
Es impresionante como han cambiado las personas que ya han perdido la educación, yo tengo una hija de 7 años y recuerdo que siempre la gente fue atenta durante mi embarazo, ahora tengo una bebé de 2 meses y con este segundo embarazo tenía que trasladarme en metro para llevar a la niña mayor al colegio, de verdad que cada vez que entraba me daba mas indignación, ver como hombres, mujeres, jóvenes estudiantes, te miran de reojo y se hacen los locos para no darte el puesto, ni siquiera en los puestos destinados para los discapacitados, ancianos y mujeres embarazadas.. De verdad que esta sociedad cada día está más indolente, sera que la gente piensa que nunca necesitará un puesto, que nunca llegará a anciano…
18 Oct 2007 a las 10:19 pm
Jaja! Recuerdo tanto ese momento en el que tenía q subir al colectivo (bus, para que lo entiendan en otros países) y me preguntaba si conseguiría algún lugar para poder sentarme con mi prominente pancita. Al principio, y todas seguro habrán pasado por lo mismo, veía con tristeza como todas las personas que ocupaban los asientos reservados para embarazadas, ancianos o personas con alguna discapacidad, se hacían los dormidos, miraban para otro lado… Las primeras veces, me agarraba fuerte de donde podía y rogaba para que el colectivo no diera ninguna frenada brusca, pero al poco tiempo dejé de lado la vergüenza y empecé a exigir q alguna de las personas que estaban en los asientos reservados se levantara y me lo cediera. No era una cuestión de comodidad, sino de proteger la vida que llevaba dentro de mi hermosa pancita. Por eso Mujeres, me tomo el atrevimiento de decirles: exijan el asiento, dejen la vergüenza a un costado y piensen en esa criaturita indefensa que llevan dentro.
Dejo un afectuoso saludos para todos.
19 Oct 2007 a las 11:45 pm
me siento totalmente identificada con el tema, cuando estaba embarazada y tomaba el metro o las micros para llegar a alguna parte y la gente me miraba al subir me daba mucha rabia porque las mujeres te miran como diciendo te me mires no te cederé mi puesto o los hombres se hacían los dormidos y los estudiantes le daba por estudiar,me preguntaba¿ nunca aquellas mujeres pasaron por lo mismo?los hombres ¿nunca sus mujeres esperaban un bebé?y a los jóvenes el día de mañana cuando vallan a ser padres y tengan que subir con su esposa al metro en hora punta y no les cedan ni siquiera los puestos destinados para nosotras,les diría ahora sabes lo que se siente hoy en día las personas están mas individualistas solo les importa lo que les pase a ellos nada mas
chao muy bueno el documental excelente
20 Oct 2007 a las 4:38 am
No puedo escribir nada nuevo que no dijeran antes. Cuando me case estuve en Portugal, y allí el tranvía antiguo, que también tiene asientos preferentes, se llena en cada viaje; pues bien los conductores, siempre que subía alguna embarazada, o ancianos, o gente con escayolas, si no veían que alguien les cedía el asiento que les correspondía, gritaban y no arrancaban hasta que lo conseguían. Pasa en todos los sitios igual, estamos por civilizar, nos falta educación.
23 Oct 2007 a las 1:07 pm
en mi primer embarazo aprendí a ser deslenguada, más atrevida y a exigir lo que por ley nos corresponde, así también no dejo de enseñarles a mis gemelos que ellos deben ser respetuosos con los demás y dar el asiento por la sencilla razón de ser mas jóvenes y sanos, la responsabilidad de crear una sociedad amable es de los padres, estamos viendo las consecuencias de falta de valores y la preferencia por las cosas materiales, el dejar que los niños aprendan por las consecuencias naturales, esos jóvenes son de la generación de la libertad y aprendizaje libre, debemos retomar las riendas de las buena formaciones con la conciencia actual.
25 Oct 2007 a las 2:42 pm
Tengo un bebé de 6 meses y en el 9 mes cuando me dirigía al trabajo o volvía en el metro era una odisea, una semana conté las veces que me cedían el asiento, de 12 viajes me lo cedieron 2 veces y una de ellas un anciano al que le tuve que rechazar el ofrecimiento a pesar de agobiarme bastante, y tambalearme en los frenazos, ya no hay EDUCACIÓN, salía bastante cabreada del metro.
12 Nov 2007 a las 12:57 am
Yo tengo cinco meses de embarazo, y tengo una compañera de trabajo que cuando se toma el omnibus conmigo de vuelta del trabajo y ante las miradas esquivas de los individuos que están ocupando los primeros asientos reservados para embarazadas, se pone furiosa internamente y entonces se dirige a algún chico o algún hombre que esté sentado en los primeros asientos y les dice en un tono algo subido de voz: ¿le podés dejar el asiento a la chica que está embarazada? haciendo que el resto del colectivo se de vuelta, y la persona en cuestión se apresura a dejarme el asiento mientras murmura alguna disculpa por lo bajo. Yo me pongo colorada como un tomate y me siento murmurando algún agradecimiento, pero después lo pienso y me parece que lo que ella hace es totalmente correcto, porque no por nada se nos reserva el asiento, con la poca estabilidad que tenemos estando embarazadas y con lo peligroso que es darse un golpe en la panzita ante una frenada imprevista del conductor, hay que sacarse la vergüenza de encima y pensar en nuestro embarazo antes de ver si \
21 Nov 2007 a las 10:00 pm
Aquí en Perú también es una odisea, tengo siete meses de embarazo y aún sigo trabajando pero cada vez al tomar el microbus es para esperar cualquier cosa. Hay personas gentiles que te ceden el asiento pero también hay otras tan insensibles y es increíble porque son mujeres que algún día vivirán la experiencia de ser madres si es que ya no lo son, hombres que algún día serán padres o en todo caso no les gustaría que su esposa, hermana o madre pasase una situación similar o jóvenes que se hacen los dormidos. A mí me da rabia y vergüenza para pedir qur me cedan el asiento reservado pero como estoy leyendo, es mejor perder dicha vergüenza porque se trata de nuestro bebé.
24 Nov 2007 a las 10:23 pm
Cuando yo estaba embarazada en mis 2 últimos meses cogía casi todos los días el autobús y el metro para ir a preparación al parto al centro de Madrid…y unos días me dejaban enseguida el asiento y otro pasaban de mí, pero vamos… y yo depende lo cansada que estuviera… unos días lo pedía y otros no…
Esto habría que cambiarlo.. nuestra mentalidad o yo que se…. ya no hay educación
28 Nov 2007 a las 8:03 pm
Ya llevo ocho meses de mi segundo embarazo, y la verdad que ya me he puesto tan exigente con mis derechos que a mi pareja le da verguenza!=) En el supermercado que está cerca de mi casa hay una caja que tiene prioridad para embarazadas, antes me ponía al final de la cola esperando a que la cajera me llamara…pero ahora no, me voy bien adelante al principio de la cola, miro a la cajera hasta que me hace pasar o pido yo directamente permiso, lo mismo hago en los colectivos. JAJA
07 Feb 2008 a las 8:48 pm
Yo era de las que siempre que en el bus veía a una embarazada o abuelo se levantaba para ceder el asiento. Ahora soy yo la que está embarazada con mi gran panza y el otro día estando sentada tuve que cederle yo el sitio a otra compañera de embarazo que tenía más tripa que yo. Yo que se sentara y ella que me sentara yo, así por lo menos 2 minutos al final nos echamos las dos a reír y a voz en grito dije: no hay en este autobús nadie que ceda dos asientos a dos embarazadas? A todo esto el conductor paró, volvió la cabeza nos miró a las dos y también a voz en grito dijo que si nadie nos daba un asiento, él nos cedía el suyo. Al final dos chicas jóvenes se levantaron de muy mala gana y la otra chica y yo mas anchas que unas culecas nos sentamos. La verdad, vergüenza para robar.
27 Feb 2008 a las 9:20 pm